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Las buenas ideas son la única salvación de los pobres. Solamente tenemos nuestro cuerpo y nuestra cabeza para salir adelante. Es decir, somos lo que hacemos. Eso ocurre en todos los ámbitos de la vida. Sin ir más lejos, la música. La falta de recursos económicos fue el motor de muchos movimientos estéticos y revoluciones sonoras (desde el punk hasta el indie low fi), que no cambiaron el mundo pero le cambiaron la vida a mucha gente. Si suena ingenuo, lo siento. El día que escuché Ramones, mi vida se partió en dos y muchas decisiones que tomé hubiesen sido radicalmente diferentes sin Blitzkrieg bop en mi conciencia.
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Y está más que claro que el Festipulenta, que ya va por su décima edición, fue una gran idea. Un festival cálido, intenso, de amigos. Un festival del palo y popular, sin ser demagógico. Y también, todo hay que decirlo, que recorre un camino paralelo a todos esos festivales llenos de luces y sponsoreado pero que no tienen nada de mística. No me jodan, que a un montón de bandas grandes de afuera y de adentro las auspicie una cerveza no significa ni ahí que tengan onda ni que hagan algo trascendente. En esos espacios el hecho artístico está dejado de lado para priorizar el figureo y la exposición mediática. En el Festipulenta no hay sección VIP, eso creo que ya dice todo, ¿no?
Por el Festipulenta han pasado las mejores bandas independientes de este momento histórico. La lista es extensa y exquisita. Y seguramente seguirá siendo así en los próximos, después de curar diez festivales los pibes ya tienen el paladar entrenado.
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Pero la buena noticia es que ahora salió el #comipulenta. Un eslabón más en esa escalera utópica hacia la felicidad que se dispara desde el universo de Cosas Pulentas (que incluye programa de radio que muchos sintonizamos los sábados de 13 a 15 por Nacional Rock, 93.7) Un compilado de 32 temas más bonus track en donde uno puede pasar por todas las emociones y todas las bandas que están haciendo algo más que atendible. No sé, por nombrar algunos: Reimon Starship y Los Venusinos, Olfa Meocorde, El Perrodiablo, Javi Punga. Todos están bien puestos. Es como escuchar el futuro. Y el recorte que se hizo en los discos serviría para delimitar una cartografía celestial de un campo indie o hacer un muestrario del territorio sonoro donde lo “nuevo” es lo que todos queremos escuchar, y nos lo sirven en bandeja.
Y toda selección es una intervención política. Eso se nota en el #comipulenta, ya que hay estéticas tan disímiles que todos van a sentirse comprendidos e incluídos en algo tan caprichoso y exclusivo como el gusto. Hay para todos en este comedor enorme y gratificante donde no se paga el cubierto. Lo que nos lleva a…
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All free. Los dos discos pueden bajarse en forma gratuita (http://www.megaupload.com/?d=UGK8TBG2), en pocos días ya se hicieron 1676 bajadas. Así que tranquilamente podemos hablar de un verdadero hit. Y dadas las condiciones actuales de circulación de la música es la manera perfecta de hacer conocer un proyecto como éste- miren si no lo que pasó con Artic Monkeys. Porque está claro que los soportes se siguen sucediendo, y uno sigue persiguiendo sonidos que le justifiquen el día, que se lo salven o lo acompañen. Entonces el download es el puente necesario para hacer llegar estas canciones bellas y, sobre todo, poderosas.
Y como hay gente que no es amarreta, que tiene la rara virtud de la generosidad, cuando te bajás los discos, te viene con dos libritos, uno de 90 páginas, con introducciones de Santiago Rial Ungaro, Nicolás Lantos y Juan Manuel Strassburger, fotos e información de cada banda; y otro en versión reducida lista para imprimir.
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En el tuiter, el domingo, había muchos comentando sobre el #compipulenta. Y uno al final dijo: Parece que todos estamos escuchando el disco. Me parece que ahí hay una pista de lo que ocurre cuando un montón de sensibilidades pueden conectarse con algo tan convocante, a nivel emocional, digo, como la música. Y es una cuestión generacional. Hay algunos compilados que lograron captar cierto espíritu de época, aroma adolescente y esa onda, el famoso Invasión 88, por ejemplo. Discos que funcionan a modo de puerta de entrada a un mundo en donde todo es mucho mejor. Eso pasa cuando uno pone el #comipulenta. Todo es mucho más llevadero. Lo que no es poco en estos tiempos zombies.



3 comentarios:
Uh, llegué tarde, ya lo sacaron.
ya no se puede bajar el disco, queremos el comipulenta! como hacemos?
lo haria pero me jode la rosca k que le meten
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