TALLER DE ESCRITURA KICKBOXING 2012


Se trata de un taller de escritura-lectura que se celebra una vez cada quince días en zona Paternal

Los coordinadores leen todos los materiales con antelación para evitar el penoso momento de la lectura en voz alta

El sentido de los textos se debate en los encuentros, que se devuelven con marcas y sugerencias

Se trabaja artesanalmente, sin recetas, para convertir a los textos en organismos cada vez más vivos que excedan la irreductible identidad de los escritores en lugar de descubrirla o exhibirla

También se comparten narrativas de la contemporaneidad, con un panorama internacional y actualizado, sin desatender la especificidad argentina

Los géneros son novela, cuento, ensayo, descargo, diatriba, venganza, crónica. O cualquier otro pensado con el espíritu de un deporte de combate

Se puede empezar con escritos ya elaborados, con un proyecto o sólo con ganas de probar en base a consignas encerar-pulir. Las vacantes son limitadas

Días: Viernes

Inicio: Marzo

Arancel: $ 180 por mes + bebida

Coordinadores:

Hernán Vanoli. Escribió el libro de cuentos “Varadero y Habana Maravillosa” y la novela “Pinamar”. Es uno de los editores de la Revista Crisis y de la Editorial Tamarisco.

Diego Vecino. Escribió el ensayo “Flema es una mierda”, que va a salir por Mancha de Aceite. Trabaja en Brando y colabora en diversos medios.

Consultas: hvanoli@gmail.com

Taller de Narrativa SANGRE FERNET POESIA TAI-CHI (Ex Kickboxing / Pilates)



Relanzamiento Invierno 2011 – Nuevos grupos

En nuestro laboratorio la escritura es un deporte de combate.

Los que quieren escribir van a encontrar un espacio con disparadores para ordenar sus ideas y producir.

Consignas, ejercicios y un panorama de la literatura contemporánea. En sintonía con la política.

Los que tienen cosas escritas, las trabajan. Los que no, las escriben.

Nos enfocamos en trama, estructura y construcción de personajes (y en la poesía también, obvio).

Cada 15 días, se mandan textos con anticipación y se discuten in situ.

También se piensa en formatos de publicación acordes con las propuestas.

Narrativa, ensayo, cuento, crónica, diatribas, guión.

Cuesta $ 150 por mes. Los nuevos grupos arrancan en Julio.

Cualquier duda escribinos. Zona Abasto Miserere o Paternal Glam.

Los sparrings:

Hernán Vanoli - Publicó Pinamar (novela) y Varadero y Habana Maravillosa (cuentos). Edita en la Revista Crisis, co-dirige la editorial Tamarisco y hace crítica cultural.

Diego Vecino - Publicó Flema es una Mierda (ensayo). Colabora en diversos medios y se especializa en crítica literaria y musical.

Contacto: hvanoli@gmail.com / diegovecino@gmail.com

A bajarse el Compipulenta





1
Las buenas ideas son la única salvación de los pobres. Solamente tenemos nuestro cuerpo y nuestra cabeza para salir adelante. Es decir, somos lo que hacemos. Eso ocurre en todos los ámbitos de la vida. Sin ir más lejos, la música. La falta de recursos económicos fue el motor de muchos movimientos estéticos y revoluciones sonoras (desde el punk hasta el indie low fi), que no cambiaron el mundo pero le cambiaron la vida a mucha gente. Si suena ingenuo, lo siento. El día que escuché Ramones, mi vida se partió en dos y muchas decisiones que tomé hubiesen sido radicalmente diferentes sin Blitzkrieg bop en mi conciencia.

2
Y está más que claro que el Festipulenta, que ya va por su décima edición, fue una gran idea. Un festival cálido, intenso, de amigos. Un festival del palo y popular, sin ser demagógico. Y también, todo hay que decirlo, que recorre un camino paralelo a todos esos festivales llenos de luces y sponsoreado pero que no tienen nada de mística. No me jodan, que a un montón de bandas grandes de afuera y de adentro las auspicie una cerveza no significa ni ahí que tengan onda ni que hagan algo trascendente. En esos espacios el hecho artístico está dejado de lado para priorizar el figureo y la exposición mediática. En el Festipulenta no hay sección VIP, eso creo que ya dice todo, ¿no?
Por el Festipulenta han pasado las mejores bandas independientes de este momento histórico. La lista es extensa y exquisita. Y seguramente seguirá siendo así en los próximos, después de curar diez festivales los pibes ya tienen el paladar entrenado.

3
Pero la buena noticia es que ahora salió el #comipulenta. Un eslabón más en esa escalera utópica hacia la felicidad que se dispara desde el universo de Cosas Pulentas (que incluye programa de radio que muchos sintonizamos los sábados de 13 a 15 por Nacional Rock, 93.7) Un compilado de 32 temas más bonus track en donde uno puede pasar por todas las emociones y todas las bandas que están haciendo algo más que atendible. No sé, por nombrar algunos: Reimon Starship y Los Venusinos, Olfa Meocorde, El Perrodiablo, Javi Punga. Todos están bien puestos. Es como escuchar el futuro. Y el recorte que se hizo en los discos serviría para delimitar una cartografía celestial de un campo indie o hacer un muestrario del territorio sonoro donde lo “nuevo” es lo que todos queremos escuchar, y nos lo sirven en bandeja.
Y toda selección es una intervención política. Eso se nota en el #comipulenta, ya que hay estéticas tan disímiles que todos van a sentirse comprendidos e incluídos en algo tan caprichoso y exclusivo como el gusto. Hay para todos en este comedor enorme y gratificante donde no se paga el cubierto. Lo que nos lleva a…

4
All free. Los dos discos pueden bajarse en forma gratuita (http://www.megaupload.com/?d=UGK8TBG2), en pocos días ya se hicieron 1676 bajadas. Así que tranquilamente podemos hablar de un verdadero hit. Y dadas las condiciones actuales de circulación de la música es la manera perfecta de hacer conocer un proyecto como éste- miren si no lo que pasó con Artic Monkeys. Porque está claro que los soportes se siguen sucediendo, y uno sigue persiguiendo sonidos que le justifiquen el día, que se lo salven o lo acompañen. Entonces el download es el puente necesario para hacer llegar estas canciones bellas y, sobre todo, poderosas.
Y como hay gente que no es amarreta, que tiene la rara virtud de la generosidad, cuando te bajás los discos, te viene con dos libritos, uno de 90 páginas, con introducciones de Santiago Rial Ungaro, Nicolás Lantos y Juan Manuel Strassburger, fotos e información de cada banda; y otro en versión reducida lista para imprimir.

5
En el tuiter, el domingo, había muchos comentando sobre el #compipulenta. Y uno al final dijo: Parece que todos estamos escuchando el disco. Me parece que ahí hay una pista de lo que ocurre cuando un montón de sensibilidades pueden conectarse con algo tan convocante, a nivel emocional, digo, como la música. Y es una cuestión generacional. Hay algunos compilados que lograron captar cierto espíritu de época, aroma adolescente y esa onda, el famoso Invasión 88, por ejemplo. Discos que funcionan a modo de puerta de entrada a un mundo en donde todo es mucho mejor. Eso pasa cuando uno pone el #comipulenta. Todo es mucho más llevadero. Lo que no es poco en estos tiempos zombies.

Celebrity Deathmatch: Beatriz Sarlo en 678



Twitter

Ayer, durante la transmisión de 678 en la cual participó Beatriz Sarlo, 7 de 9 trending topics (los “temas” más mencionados en Twitter) estaban relacionados con lo que pasaba en el programa. No es medida de nada exterior a esa microesfera virtual pero sí un indicador de un flujo de interés entre esos miles de participantes de la red social, algo bastante soprendente teniendo en cuenta que se trataba de una emisión protagonizada por una intelectual en la pantalla de canal 7. Interesante. Hay algo ahí. Algo hay que aún no somos capaces de ver. Algo que se relaciona sobre los usos cotidianos de la redes sociales, la vuelta de un debate político más denso y el lento pero seguro #findelperiodismo.

Beatriz Sarlo dedica en su último libro, La audacia y el cálculo, una buena parte de sus páginas a sumergirse en Twitter. Intuye que ahí, más que una nueva forma de comunicación, más que un nuevo islote para la tecnopolítica vacía, hay una cierta complejidad narrativa. Twitter es la resaca de la bilis social guardada tantos años. Un reino del epigrama, del retruécano, del aforismo amargo, de la invectiva gratuita. Son 140 caractéres, macho, ¿qué querés? Son esas formas retóricas antiguas las que vuelven con Twitter. Se breve o perece. El premio es para la agudeza, el estiletazo letal, la réplica contundente. Por eso todos seguimos a @fernandezanibal y por eso todos nos reimos de @mauriciomacri. Sarlo, en un rapto poético, lo definió durante el programa como “la espuma de la espuma”, para diferenciarlo del uso familiero, casi cálido, de Facebook, que se convirtió en un espacio en el cual 678 produjo un ámbito de militancia virtual.

678

El kirchnerismo tal como lo conocemos hoy tiene dos números que lo marcan enormemente: 125 y 678. Fue en la brecha social abierta con la disputa con las patronales agrarias cuando el kirchnerismo terminó de inventarse; y fue con 678 que una dispersión de discursos (altos y bajos, oficiales y subterráneos) encontró un centro emisor claramente definido. Fueron esos los tiempos de la guerra. Las épocas de un kirchnerismo de trinchera, un kirchnerismo de economía de guerra y llenar bolsas de arena para el No pasarán! Ahora, en la pax armada de la carretera hacia octubre, parecen tiempos lejanos. Ahora desde Cristina se ven otros gestos, ciertos movimientos que parecen mostrar la rama de olivo y no la espada. Pero 678 es un programa de trinchera, un veterano de la guerra mediática librada sobre los campos donde crece la soja. Ese es su carácter, su marca de nacimiento. Pedagogía bélica para tiempos de batalla. Montaje, archivo, repetición, opiniones subrayadas. De lo que se trató desde un principio fue de transparentar, de develar el submundo de “los fierros mediáticos”, tal como llamó Néstor Kirchner alguna vez a los medios. Una tarea con pretensiones pedagógicas e iluministas, en el sentido de apelar a una “transparencia” a la que se le opone la “oscuridad” de la manipulación informativa de los grandes medios. Una apuesta exitosa que instaló al programa como nave insignia de los recursos comunicacionales kirchneristas, pero que también volcó excesivamente durante estos últmos tres años el debate político hacia lo comunicacional. La centralidad de Clarín como adversario excluyente del gobierno viró la discusión política hacía las redacciones de los diarios y los estudios de TV, hacia la hermenéutica obsesiva de los discursos periodísticos, hacia una sobreinterpretación de lo mediático como único agente político relevante. Toda obsesión, toda fijación, es sabido, puede derivar en paranoia.

Termópilas

Un poco de eso se vio anoche en 678. Sarlo (esa última alfonsinista, en el sentido mohicano de la expresión) presentó un discurso que apelaba al distanciamiento y a la relativización histórica de la experiencia kirchnerista. Una lucha de ethos, digamos. Entre los sueños épicos de algunos discursos oficialistas y la grisura de la “transición democrática”, de la institucionalizacíón reformista soñada en los lejanos días del Club de Cultura Socialista. Un abismo dificil de cruzar, como quedó expuesto por los desniveles de dicursos de Sarlo y Gabriel Mariotto, especialmente. Había en esos malentedidos (los más televisivos, por otra parte) algo de lo que ha empiojado el debate estos años, esa distancia entre los que piensan (pensamos) la política como prosa y los que la piensan como lírica. Esa dificultad para salir del entre nos y poder entablar contacto con las lejanas galaxias de los no convencidos.

Y sin embargo en Sarlo (en su libro, en sus últimas columnas, en sus recientes apariciones públicas) se puede leer el signo de la fascinación. La fascinación por el objeto de estudio que repele y atrae al mismo tiempo. Los intelectuales argentinos aman explicar lo que desean a través de lo que odian. Sarmiento, el atraso rosista con el Facundo o Martínez Estrada el peronismo con ¿Qué es esto?, por ejemplo. Sarlo se inscribe en esa tradición ensayistica con La audacia y el cálculo. Es “la forma Kirchner” (como la llama ella) la que la repele y la atrae. La combinación de coraje, desprejuicio, fortuna, pragmatismo, interés y convicciones que permitieron que un casi desconocido gobernador de Santa Cruz lograra cambiar el mapa político y hegemonizar (aún después de muerto, atención con el paralelismo facundiano) el discurso público.

No está desapegada de los tiempos que corren la presencia de Sarlo en 678. Los años de la guerra, al parecer, quedaron atrás. La pax armada de la política democrática se acerca a octubre. Y Cristina va a estar ahí, va a estar ahí. Es la hora de la rama de olivo y no de la espada.

¡Discúlpame! Crónica de una semanita con Devendra

por Juan Manuel Strassburger



Desde el primer momento, Devendra Banhart me cayó muy bien. Caro y Ale de BanBang! (la agencia que co-produjo su venida) me lo presentaron el mismo día en que llegó al país mientras cenaba en el bar Caracas junto a su novia, la banda completa, el manager y el sonidista. Apenas me vio me dijo: "¡Hola! ¿Cómo estás? Tu me entrevistaste, ¿no es cierto? ¡Venga un abrazo! Caro me dijo que eras historiador (sic) y que sabes mucho de historia del país. Quiero que me cuentes todo lo que sabes. Quiero saberlo todo". Yo un poco me sorprendí con el pedido, pero por supuesto que accedí a contarle –en la medida de mis posibilidades- un poco de la historia de nuestro país, aunque obviamente nunca llegué a hacerlo. Devendra, no hace falta aclararlo, estuvo muy ocupado. Y si bien lo vi varias veces más, siempre estuvo muy requerido y con poco tiempo para simplemente sentarse y charlar. Ese día en Caracas, estuvo muy pegado a su novia Ana, de quien me dijo que había conocido hacía no más de un mes (previo a ese se había mantenido célibe durante más de un año) y se notaba que estaba muy enganchado. Ella me pareció moderadamente simpática, correcta. Atenta a todo lo que hacía Devendra, pero tratando de no vigilantear (más por él, que por nosotros). Antes de terminar esa cena de bienvenida, subimos un rato a la terraza y Devendra charló, sí, un poco más relajadamente con los demás. Como si el estar al aire libre lo relajara y lo hiciera olvidar un poco de los requirimientos y las demandas a las que todo el tiempo se veía expuesto. Una cosa graciosa es que cuando nos fuimos, al igual que Jonathan Richman hace un año en Guerrín, Devendra pasó por la cocina para saludar y felicitar a los cocineros y éstos, sorprendidos, como forma de retribuirle, le regalaron una torta que estaba a media hacer: conclusión debió esperar como media hora más a que la terminaran la torta para recién después tomarse el taxi que estaba en la puerta. Recuerdo que en ese momento se me acerco y me dijo algo así como: "Mira, me regalaron esta torta y tengo que espera a que la terminen", con bastante cara de resignación, pero también con cierta sonrisa. Y creo que ese momento define bien toda la estadía de Devendra en el país, mucha auto-exigencia de parte de él para corresponder los constantes pedidos de cariño que le producían un evidente desgaste aunque nunca al punto de llegar al malhumor o una queja. Al día siguiente fue el show y claramente, si bien su perfomance fue más que buena, lo vi un poco atado a esa expectativa, como pisando sobre seguro para no errar. Ahí creo que influyó su anterior visita fallida y el cambio de rumbo que acertadamente marcó la reseña de la Rolling Stone: cuando un artista cambia, por más que diga lo contrario, siempre mantiene alguna duda sobre cómo será recibido por su público. Y ésta no fue la excepción. Sin embargo, la gente lo recibió muy bien, las chicas gritaron mucho, y él claramente se relajó. En el camarín se notaba: se sacaba foto con cuanta persona se le acercaba y siempre con una sonrisa. Luego, a partir del pedido del batero Greg y Rodrigo, el guitarrista brasilero y primo de Devendra, fuimos hasta La Catedral. Devendra no tenía muchas ganas de ir, pero el resto de la banda lo convenció a partir de decirle que se trataba de un lugar "for real" y no uno para "turistas japoneses". Y obviamente fue así: apenas llegamos y vieron las escalinatas sucias y corroidas que conducían a la primera planta de La Catedral a Greg y Noah se les iluminó la cara. Estaban donde quería estar. Devendra, que fue con Ana, nos dijo que lo disculpáramos, pero que él solo iba bailar unas piezas y después tendría que retirarse al hotel. Era muy recurrente en él lo de pedir disculpas mucho antes de que fueran necesario (e incluso cuando ni siquiera correspondía) pero él parecía sentirse bien así. En un momento, antes de sentarse y a comer en las mesas de la pista, Devendra pasó por el baño y no salió por bastante tiempo. Varios de los que estaban ahí se asustaron y me pidieron que fuera a ver si estaba bien, porque le había dado un carbón a causa de "una descompostura" y estaban temerosos de que hubiera encallado en el baño. Yo fui y efectivamente Devendra estaba encerrado en el cuartito del baño, haciendo lo suyo con paciencia. Le pregunté si estaba bien y me dijo "sí, hermanito, todo más que bien, discúlpame, ya salgo". Y al rato ya estaba bailando tango "a su manera" con Ana y junto al resto de la banda que aprovechó que había unas tangueras rockeras dispuestas a enseñarles los pasos básicos para sentirse rioplatenses por un rato. Ese martes, según me contaron, había estado comprando cosas en el Mercado de pulgas (estaba obsesionado con visitarlo) y al día siguiente fue a San Telmo, el mismo lugar donde –según me dijo cuando lo entrevisté- se había encontrado por casualidad con Patti Smith la primera vez que vino (me contó que no se animó a saludarla y que simplemente se conformó con mirarla de lejos). Ese miércoles, como todos sabemos, dio un show mucho mejor, no porque el anterior haya sido malo sino porque evidentemente estaba mucho más confiado y se permitió jugar más con él público y la banda. Para mí una cosa muy destacable fue la corriente sexual que se dio entre él y el público (más allá de que fuera femenino o no) y que él sabía explotar. De hecho, el día anterior, cuando salió de Niceto para tomarse la van fue bastante impresionante cómo las chicas prácticamente se le tiraron encima cuál american pop star para sacarse fotos o simplemente tocarlo. Ana, lejos de ofenderse, le sacaba fotos desde cierta distancia mientras me decía: "She's so lovely". Ahí aproveché para preguntarle si allá en Los Angeles también vivían estas escenas de histeria-fan y me dijo que no tanto, pero que cada tanto sucedía, sobre todo después de los shows. Devendra, esa primera noche, pudo subirse a la van (que lo tenía que llevar a La Catedral) y sentar a Ana sobre su falda. Las chicas, sin enojarse, claro, "le reprocharon" la partida y una hasta le dijo (mitad en serio, mitad en broma): "Devendra, me hace muy mal que tengas novia". Pero volvamos a la segunda noche. Esa vez, en el camarín, había más gente y casi no hablé con él. Y me pareció perfecto: había gente, periodistas, que todavía no habían tenido contacto con Devendra y él otra vez estaba de muy buen humor. Sin embargo, su novia ya estaba algo cansada y después de un rato ambos partieron para el hotel. Con la banda entonces fuimos al bar Río donde nos ofrecieron de comer y Érica García –que justo cumplía años– se dio el gusto de abrazarse con Greg, el batero, y charlar animadamente con él. Greg luego me confirmó lo que ya acá todos sabíamos: que ella y Devendra y varios de la movida "freak-folk" de Echo Park de Los Angeles pasaron varios momentos copados entre el 2005 y el 2007. Al día siguiente supe que Devendra pasó una tarde navegando en el Tigre, y a la tarde-noche, filmando unos videos para IndieFolks. Evidentemente fue demasiado para Ana porque a la noche cayó con unas líneas de fiebre y Devendra se quedó a cuidarla en el hotel también con claros signos de cansancio. Fue una pena porque esa noche Caro de BanBang! había organizado una especie de despedida íntima en Caracas en donde varios artistas locales (Shaman, Las liebres, etc) iban a ofrendarle su música. No pudo ser. Pero su banda asistió practicamente entera al festejo y quedaron boquiabiertos con las presentaciones de todos los artistas (había que verlo a Rodrigo, el brasilero de Little Joy, asombrado con los guturales de Shaman, obviamente se llevó todos sus discos). Yo me ocupé también de darle el de Sr Tomate, también el Esplit, y varios solistas de Maxi Prietto. Es dificil que los escuchen realmente, pero nunca viene mal darles al menos la oportunidad. Y así terminó mi semanita con Devendra en Buenos Aires. Fueron cinco días, pero parecieron varios más. Como suele decirse (y en este caso corresponde porque realmente fue así), su presencia quedó por un tiempo más entre nosotros.

FUEGO



1. Perfil y Clarín lanzaron dos diarios nuevos y de corte popular. Libre nació para ocupar una rotativa ociosa y Muy, para preservar la posición dominante de mercado que interesa al multimedio Clarín. Saludamos a los periodistas por sus nuevas fuentes de trabajo en una profesión cada vez más precarizada, con un gremio tan lleno burócratas que no convocó a paritarias en ninguno de los 8 años de kirchnerismo. Bien por ellos. Los periodistas, digo.

2. Muy y Libre tuvieron un bautismo de fuego: a los dos les tocó salir el día que una noticia-bomba cayó después de la hora del cierre. Muy retrasó su edición y Libre sacó una segunda. El agitado debut no evitó que los lectores se encontraran en el kiosco con la dura realidad: que todas las "noticias" que consumen en papel tienen al menos doce horas de rancias.

3. Las "facultades de periodismo" -esos antros de la derrota cultural, tan útiles en 2011 como comprar un diskette- enseñan que los diarios de papel son fundamentales porque "marcan la agenda". Un recorrido rápido por las noticias del 2 de mayo, "la agenda", desmiente esa afirmación: La muerte de Osama Bin Laden, y el final de Gran Hermano, dos noticias originadas en la TV, fueron temas de tapa. El incendio en el ferrocarril Sarmiento y el derrumbe de un edifico fueron breaking news que llegaron primero por agencias y luego por los rayos catódicos. Punto para la TV.

4. La TV puede parecer un dispositivo vetusto cuyo lastre arrastramos hacia el siglo XXI. Nada más lejos. Es el medio que mejor sobrevive al fin de época. Claro que ciertos formatos tienden a desaparecer: el concepto de "noticiero" está en desventaja frente a los canales de 24 horas de noticias, por ejemplo. Pero la TV, como en una escena de Akira, absorbió simbióticamente todos los componentes de nuestra vida moderna. Integró los SMS a los programas de concursos y las redes sociales a las noticias y actualidad. Youtube no mató a la TV, la retroalimentó. Una de las experiencias más características de nuestra era es "ver" la TV (o escucharla de fondo) mientras seguimos sus temas por Twitter, sea desde un partido de fútbol hasta un intento de golpe de Estado en un país vecino.

5. No es importante la fecha de defunción efectiva de un medio -digamos, el papel- si no las señales reales de vida que ese medio otorgue. Una persona que sufrió un ACV puede estar clínicamente "viva" aunque su cerebro no dé señales de ello. Los diarios de papel no lograron incorporar nada de lo que trajo el siglo XXI. A lo sumo pudieron resumir los acontecimientos televisivos e intentar plasmar lo que ocurre en las redes sociales entre los "protagonistas" o los "temas de agenda". El siglo XXI es la era de las fuentes directas: ¿para qué comprar el diario si puedo leer lo que dice fulano en Twitter? En todo caso puedo acudir a los portales de noticias. Un acierto para reconocerle a Darío Gallo, director de Libre, fue la creación de un sitio que explicara lo ocurrido en Twitter.

6. Hablemos de ese significante vacío tan manoseado que es "la gente". A "la gente", aventuremos, no le interesa la noticia, sino cómo puede socializar a través de ella. Por eso los diarios de corte popular apelan menos al dato duro y más a la historia. Lo humano como tema. Muy no lo entendió: publica los mismos temas que Clarín, con menos Política y más Zonales, Espectáculos y Deportes, a un precio menor, con un juego de cubiertos y ausencia total del idioma español y praxis periodística. Libre toma "la agenda" sólo como punto de referencia, intenta crear la propia, cuenta historias. Punto para Libre. La gente, al fin y al cabo, sólo quiere escuchar una buena historia.

7. Tengo la teoría de que los diarios estan ahí para eso, para contar historias. Historias que funcionen para perpetrar el sistema capitalista. Son empresas, al fin y al cabo. Porque si los oprimidos del mundo dejaran de prestarle atención al placebo las noticias/historias entenderían de verdad lo que ocurre a su alrededor y se alzarían contra el sistema (sic), incendiando primero el kiosco de diarios, luego los trenes donde viajan como ganado, y al fin el mundo. Una desvarío lisérgico a doble página entre Matrix y la teoría de la caverna. Descabellado, lo sé.

8. En 2008 se anunció Crítica de la Argentina Director Jorge Lanata (tal su nombre completo) como el "último diario en papel". Desde entonces vieron la luz, en orden de aparición: Miradas al Sur (semanario), El Argentino, Tiempo Argentino, Muy y Libre. Se ve que no lo escucharon al gordo, ahora columnista de Libre. Crítica salió con un proyecto ambicioso y una redacción brillante, pero el lector al que apuntaban no existía. Era un diario para nadie que se vino a pique por el peso de la realidad, dejando injustamente a muchos trabajadores en la calle y sin indemnizar. Que sigan saliendo nuevos diarios a pesar de la sentencia lanatesca da cuenta de que un diario puede existir si tiene quien lo lea. O si hay generosos bolsillos para bancarlos.

9. ¿Cuánto pueden durar esos diarios? El avance de la web, y de su hermano omnívoro, las redes móviles, es más lento en un país periférico y tercermundista como el nuestro, pero igualmente imparable. Muy, hasta donde sé, no tiene presencia en la web. Libre sí, pero no con un portal de noticias tradicional, sino con el soporte de Twitter y Facebook. Las publicaciones siempre estarán sujetas a los avatares económicos, pero da la impresión de que Muy no tiene buenas chances de subsistir frente a su producto madre, Clarín, o al menos de ser rentable. Libre tiene una perspectiva un poco mejor. Ambos parecen ser "escritos por periodistas de Palermo para lectores del Conurbano". Habrá que ver si quieren leerlos

10. Pero, ¿por qué siguen naciendo diarios en nuestro país cuando en el resto del mundo cierran cada vez más? ¿Por qué en papel y no en la web? Ya están dadas casi todas las condiciones objetivas para que los diarios de papel dejen de salir (de hecho, venden cada vez menos). Emprendimientos como el Club La Nación y similares no alcanzan para justificar su existencia. Una explicación sociológica: el fetiche del diario en papel como acceso simbólico al consumo cultural. Un tipo que lee el diario a la mañana en un bar no es un vago, es un tipo formado, culto. Otro que recibe la última información del mundo en un dispositivo móvil "está pelotudeando con el celular". El diario, como las revistas, es un chupete para tiempos muertos: colas de bancos, salas de espera, ansiolíticos en bares. ¿Cuánto más pueden durar los diarios en general? Hasta que a la persona que toma un tren superpoblado desde el Conurbano hacia la Capital le sea más rentable y cómodo leer algo su celular. No falta mucho.

Colorario. Cuenta la leyenda que hace algunos años, en una facultad de periodismo, un profesor que ya estaba más para jugar al burako en el Torreón marplatense que para ejercer la profesión preguntó a sus alumnos: "¿Para qué sirve un diario?". Algunos recitaron eso de "informar, formar y entretener", otros fueron menos lúcidos. Después de dejarlos hablar un rato, el anciano terció: "El diario sirve para prender el fuego del asado".

ESCRIBIENDO EL RELATO

por Los Hermanos Dios


Si hace no tantos años atrás el imaginario social ideaba un Ministerio de Seguridad, las opciones pasaban por Carlos Ruckauff, Luis Abelardo Patti, Aldo Rico o, con suerte, algún personaje circunstancial de la política, tibio y obsecuente, que dijera las palabras que “la gente” quisiera escuchar pero que por lo bajo delegue toda la responsabilidad y el poder en las fuerzas de seguridad. Por eso pensábamos: “che, mejor que no se le de tanta estructura a la seguridad, va a empeorar todo y va a aumentar la represión”.

Durante aquellos años los ministros casi no aparecían en actos públicos, mezclados entre militantes de todos los estratos sociales. Con el surgimiento del kirchnerismo la política volvió a dar la cara. Ejemplos sobran: con la creación de planes sociales, Alicia Kirchner podía ir a un acto repleto de banderas y arengar como una militante más. Recuperando y mejorando las fuentes laborales, Carlos Tomada podía subirse a un palco y dar un discurso ante miles de trabajadores. Extendiendo al presupuesto en Educación, Daniel Filmus podía recorrer las escuelas y las universidades sin ningún problema. Abriendo un espacio en su agenda, Aníbal Fernández podía ir a ver al Indio Solari, junto a miles de pibes de todo el país.

Sin embargo, esta relación estrecha, transpirada, de la política con el pueblo, nunca tuvo un correlato para el área de Seguridad. Ningún ministro que estuvo a cargo del tema se presentó ante un auditorio de militantes sociales, familias pobres, adolescentes perseguidos por la policía, para hablar, específicamente, de seguridad. Las medidas eran anunciadas desde la Rosada o la Quinta de Olivos, ante funcionarios y la prensa.

Para los barrios y los locales partidarios quedaban los foros de participación, cooptados por los comisarios, y por donde circulaba un discurso reaccionario, y las políticas públicas de seguridad habían llegado hasta la determinación de no reprimir la protesta social, una medida de oro para este proyecto, pero insuficiente para instalar un nuevo paradigma.

Pero la tortilla se está dando vuelta y el fuego que la quema es muy intenso.

El miércoles pasado presenciamos un acto político inaudito, protagonizado por Nilda Garré, en el mítico teatro Verdi del barrio de la Boca. La convocatoria estuvo a cargo de una corriente kirchnerista en la que confluyen varias agrupaciones: Comedor Los Pibes, Causa Popular, Espacio Comunarte, Corriente Política 17 de agosto y Nuevo Encuentro de la Comuna 4. Desde que ella asumió como ministra es la cuarta o quinta vez que se presenta ante los militantes y vecinos de un barrio, en lugares públicos, sin seguridad ni cámaras de televisión de los grandes medios.

Quinientas personas, en su mayoría mujeres y hombres y chicos que viven apiñados en los conventillos de madera de la Boca, escucharon atentamente un discurso político memorable que dejó varias definiciones.

El acto empezó con un homenaje a Néstor Kirchner, a 6 meses de su muerte. Nilda miraba atenta el video que mostraba al ex Presidente leyendo el poema de Joaquín Enrique Areta. Quisiera que me recuerden, decía él. Y ella, sentada detrás de una mesa alargada, comenzó a lagrimear, sin vergüenza. Miraba las imágenes, de costado, y se secaba las lágrimas con la mano derecha.

Con todo lo que viene haciendo el Ministerio de Seguridad y con el discurso que después nos iba a regalar, Nilda, tácitamente, también estaba diciendo “quisiera me recuerden”. Que la recuerden por intentar una reforma integral y verdadera, profunda y racional, de la Policía Federal Argentina, por empezar a pagar esta pesada deuda interna que tiene nuestro país.

Después de la lectura de adhesiones, tomó la palabra Lito Borello, referente del Comedor Los Pibes. Dijo que las organizaciones sociales del barrio pasaron de la resistencia al neoliberalismo, una época nefasta donde la marginación y el hambre se llevaron la vida de muchos vecinos, a formar parte, hoy, como organización, de un proceso de reconstrucción integral. Y le dijo a Nilda que nunca antes un ministro de seguridad se había sentado junto a ellos en su barrio. Aplausos, agite, y canciones de su gente a favor de una banca como legislador en la Ciudad.

Nilda recordó que el teatro Verdi fue escenario de distintas luchas en defensa de los derechos de los humildes y de los trabajadores. Y que el enemigo entonces, ahora y siempre, es el mismo: las corporaciones económicas, que cambian de nombre, de aspecto, de herramientas, pero que siempre son los mismos.

“Ustedes saben que el área que me ha tocado no es fácil”, confesó, entre risas propias y ajenas. “Pero es un desafío atractivo, impresionante”, agregó. E inmediatamente, desde las gradas, alguien le gritó “¡Fuerza, Nilda!”. “Gran parte de nuestra sociedad tiene una negación con la conflictividad, y en realidad”, agregó, “el conflicto es un elemento esencial para el desarrollo de las sociedades”. “El desafío de nuestro gobierno”, clarificó, “es gestionar esa conflictividad. Ni ocultarla, ni mucho menos, reprimirla”.

Garré se quejó de que se siga criminalizando la pobreza, a través, por ejemplo, de la figura de la “usurpación”, y en relación a los desalojos ordenados por la Justicia, tan de moda mediática por estos tiempos. “Estas sentencias no consideran las necesidades de estas familias que no tienen donde vivir”. “La política del Estado Nacional es ir a los lugares, conocer y reconocer la problemática y evaluar soluciones. La respuesta no debe pasar por la represión”. Siempre con la mirada al frente, y la atenta mirada de sus compañeros de panel, dijo que existen determinados conflictos sociales que no se resuelven de ninguna manera con la policía, sino con la intervención multiagencial del Estado con otras áreas. “La policía reprime el delito pero no resuelve la conflictividad social”, explicó, y de nuevo el aplauso cerrado de todo el teatro.

“No tenemos una actitud anti policial, como quieren hacer creer algunos medios. Todo lo contrario. La PFA es necesaria, imprescindible, pero tiene que estar al servicio del pueblo, ser honesta y transparente, y recuperar sus mejores tradiciones”. Dijo que cuando un muchacho entra a la escuela de policía lo hace para servir a la gente y no para corromperse. “Ese muchacho no está pensando en sobornar a un comerciante o a presionar a un vendedor ambulante, o inmigrante, para compartir su ganancia”. “Hay muchos policías que corren peligro en la calle, que sufren el frío, el calor, que ponen su cuerpo al servicio de las necesidades de la gente, y esos no merecen que un grupo minoritario, o no tan minoritario, no sólo no hagan lo que tienen que hacer, sino que además sean socios de los delincuentes”.

Las flameadoras sacudían el aire cálido del teatro, y desde el fondo, donde la gente estaba de pié, llegaban las voces de los más chiquitos, en los brazos de sus madres, también chiquitas, o pateando una botellita de plástico.

“Es necesario que los policías entiendan las políticas de derechos humanos no como una frase sino como una práctica”.

En relación a los cambios de nombres que ordenó recientemente para las escuelas donde se educan los oficiales y suboficiales, habló de una rémora de treinta años. “Las escuelas de policía tenían el nombre de represores notorios. Ese era el mensaje subliminal que recibían los policías”.

En ese momento sonó un celular, replicado por el micrófono de la mesa. Era el de ella. Pidió disculpas. “Estoy esperando un llamado de la Presidenta”. Se levantó y se perdió en las sombras del escenario. “Mandale muchos besos a Cristina”, gritó alguien desde abajo. Cuando regresó, a los pocos minutos, la ministra dijo: “La presidenta me preguntó dónde estaba, por qué tanto barullo, le expliqué que estaba con ustedes. Les manda muchos saludos”. Aplausos, gritos, y una canción a favor de la reelección.

Después Garré se extendió sobre la política de participación ciudadana que impulsa el Ministerio. “La política de seguridad no es ni policial, ni judicial, ni penitenciaria, ni siquiera exclusiva del Poder Ejecutivo. Es de todos. La construimos entre todos o de lo contrario no vamos a tener una seguridad democrática”. “La gente tiene que controlar a la fuerza policial. Qué mejor que los destinatarios del servicio de seguridad para evaluar ese servicio”, subrayó. Y confió que muchos policías se quejan de este control popular diciéndole a la Ministra que para eso estaba la Superintendencia de Asuntos Internos. “Hay que dejar de ser espectador, para ser actor”.

“Ni la política de defensa es de los militares ni la política de seguridad es de los policías”, dijo. “Es la conducción civil con control y el aporte del pueblo las que ejecutan las políticas públicas”, confirmó, levantando una nueva ola de aplausos. “Algunos policías le tienen miedo al protagonismo popular porque son socios de los delincuentes. Y otros simplemente por una actitud endogámica, corporativa.

Un perro flaco y marrón atravesó el pasillo del centro del salón, y cuando llegó hasta el escenario, dio una, dos vueltas, y se tiró en el suelo, a los pibes de los legisladores y referentes del barrio de la primera fila. Un periodista de anteojos que llevaba una mochila en la espalda, a un costado, tomó nota, seguramente, apostando al color de su crónica.

“Los que más sufren el delito son los humildes. Siempre fue así. Sin embargo”, detalló Nilda, “hay más policías en la Recoleta que en Lugano”. Y anunció que uno de los objetivos de su cartera es redistribuir los recursos humanos y técnicos. Habló de las mejoras tecnológicas para la fuerza, y también de las mejoras en las condiciones de trabajo a nivel salarial. “Sabemos que los agentes se juegan la vida y no queremos que sufran jornadas laborales tan extensas ni que el cansancio baje su rendimiento”.

Como broche, Nilda abrió el juego, y les dio la palabra a los vecinos. Uno habló de la persecución que sufren los vendedores ambulantes. Otra, con pechera del Comedor Los Pibes, expresó agradecimiento y emoción por sentirse escuchada, y un pibe de Soldati, le contó que en su barrio la policía se lleva presos a los consumidores pero no a los punteros que venden pasta base. “Están arreglados y eso lo sabe todo el barrio”. Su intervención fue muy aplaudida, y sus amigos, todos con remeras del espacio que conforman en su barrio, le dieron abrazos y palmas en la espalda. Nilda habló un rato sobre la comercialización y consumo del paco, y el trabajo que están haciendo junto a, por ejemplo, Eugenio Zaffaroni, de la Corte Suprema de Justicia.

Ni nosotros ni todo el resto de los militantes, vecinos, salía del asombro. Cuando bajó del escenario, le hicimos unas preguntas para el diario, y ella, entre gritos y distintos pedidos que le hacía la gente, respondió, mirándonos a los ojos, firme y convincente.

En la calle, sobre la avenida Almirante Brown, la esperaba la noche oscura de la Boca, y las decenas de militantes que la despedirían, con las flameadoras ganando el cielo, mientras la cumbia a todo volumen que habían metido los organizadores, desparramaba alegría, y esperanza.